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NORMAS DE EL PUIG: 25 AÑOS
El próximo 7 de marzo se cumplen los 25 años de la firma de la normativa que la totalidad de entidades culturales valencianistas existentes en el año 1981 nos dieron para la Lengua Valenciana. Los representantes del valencianismo de aquel momento quisieron hacerlo en un lugar cargado de simbolismo y por eso eligieron el Real Monasterio de Nuestra Señora Santa Maria de El Puig. Tal vez sin ser aun conscientes de que 25 años después aun se las conocería como “Normas de El Puig”.
El momento en el que se firmaron era tan grave, o incluso más, para la Lengua Valenciana como pueda serlo el actual. La principal diferencia era que en plenas negociaciones previas al Estatuto de Autonomía, no sólo era la Lengua la cuestionada, sino que las fuerzas de izquierda de la transición nos querían quitar la totalidad de nuestros símbolos de identidad: Pretendían, los Albiñana, Pérez Casado, Ciscar y compañía sustituir la Señera por la cuatribarrada, el Himno Regional por la Muixaranga y la histórica denominación de Reino de Valencia por la despersonalizadora de País Valenciano.
Después de unas accidentadas negociaciones con la UCD de entonces y de múltiples reuniones en el despacho de Emilio Atard ( Pascual Martín Villalba y Manolo Zarzo, Presidente y Secretario General del GAV respectivamente, jugaron un papel destacado en aquellas trascendentales reuniones) enviaron a Madrid un Estatuto muy digno: Real Señera, Idioma Valenciano y Reino de Valencia. Al final la deslealtad de los Abril Martorell, Muñoz Peirats, Pi Arboleda y compañía nos dejó la mancha de “Comunidad Valenciana” como mal menor.
La etapa de la UCD al frente del Consejo supuso un pequeño alé de aire fresco para las Normas de El Puig. Amparo Cabanes desde la Consejería de Cultura homologó los títulos de maestro del Grup d’Accio Valencianista (al frente de la sección de Pedagogía del GAV estaban Emili Miedes y Chimo Toran) y de Lo Rat Penat ( presidido por Xavier Casp). Los libros homologados para el próximo curso en educación primaria serían los del GAV: Nelo y Carmeta, Desperta, Avans, Pobles y Gents... Como la RACV no llegaba nunca a sacar su diccionario, el GAV hizo un nuevo esfuerzo y publicó un más que digno vocabulario.
Todos aquellos libros, todos los maestros titulados despertaron, junto a nuestros sueños, a la triste realidad cuando en el año 1982 el PSOE sacó mayoría absoluta y el maquiavélico Cipriano Ciscar catalanizó todo el sistema educativo en un suspiro. Aunque el catalanismo no tenía unas normas como tal (las que ellos nombraban como “Normas del 32” no son más que unas bases ortográficas) se inventaron del día a la noche un “valenciano normalizado” al servicio del Instituto de Estudios Catalanes. Las Normas de El Puig pasaron a ser las de “la Academia” y a sufrir un peregrinaje por la ilegalidad más absoluta.
Poco mejoró la situación en los doce años de gobierno socialista. Más bien representó una constante persecución para los usuarios de las normas. Ningún maestro que no tuviera el título del ICE (antecesor de la actual Junta Calificadora) podía aspirar a sacar plaza, por no hablar del famoso “Decreto de Homologación” que capacitaba a los profesores de Cataluña para dar clases en todo el Reino de Valencia. El cuerpo de Inspectores creado por Ciscar (y al frente del cual estaba el padre de Gloria Marcos) consiguió meter miedo a los padres, alumnos y profesores al más puro estilo estalinista.
El cambio de gobierno y la llegada de PP-UV parecía que iba a dar un giro de 180º la situación pero pronto el incomprensible “pacto del pollo” da al valencianismo ¿ Agricultura? en lugar de Cultura y todo no hizo más que empeorar más todavía. La baja catadura moral de los Consejeros de Cultura del PP (Villalonga, Camps, González Pons, Font de Mora...) hizo que la catalanización en los colegios continuara exactamente igual, los mismos libros editados por Eliseu Climent, los mismos responsables al frente de la Consejería ( Huguet, La Creu, Monlleo, Marcos...) y los mismos profesores catalanizados y acobardados a un 50%. Y pasó lo que nadie podíamos imaginarnos, lo que ni el propio Ciscar se atrevió a hacer: El PP pactó con el PSOE la creación de la Academia Valenciana de la Lengua y sentenció a muerte las Normas de El Puig.
Por supuesto que nosotros nos revelamos contra esa sentencia que va contra la razón y la historia. Ahora que el horizonte político cobra nuevas esperanzas en la fulgurante aparición en escena de Coalición Valenciana, es el momento de volver a reivindicar unas Normas a las que desde hace 25 años nos hemos mantenido fieles en todas nuestras publicaciones y escritos. Unas Normas que también han sufrido su propio calvario interno: Se firmaron con acentos respetando la ortografía del Padre Fullana para año y medio después quitarlos. Y ahora cuando esto se había convertido en una seña de identidad que nos diferenciaba del IEC, llegó la RACV y con una más que extraña decisión reacentúa las Normas acercándose a las de la AVLL y expulsó de la Sección de Lengua a todos los filólogos más preparados y más valencianistas.
Debemos aprovechar esta fecha histórica para superar diferencias e imitando a los representantes de les entidades valencianistas que las firmaron hace 25 años volver a empujar todos a una en la buena dirección. No podemos llegar al 2007 con una normativa dividida y estancada. Si realmente creemos, y yo lo creo, que es posible volver a tener la llave de la gobernabilidad y realmente creemos, y yo lo creo, que CV exigiría, esta vez sí, la Consejería de Cultura y la inmediata derogación de la AVL. Es el momento de encontrar, o de crear, un ente fuerte que vele por las Normas de El Puig y las prepare para ser el referente normativo oficial a partir del 2007.
Pongamos ya en marcha el III Congreso de la Lengua Valenciana, obliguemos a todos, incluida la RACV y Lo Rat Penat, a aceptar las conclusiones del mismo. Por mi parte desde estas líneas hago público el del GAV. Volvamos a la primera línea con cuestiones normativas a los filólogos Chimo Lanuza, Peñarroja, Gimeno, Fontelles y Giner para que , junto a otros, dirijan con mano firme y sin servilismos la nave de la Lengua Valenciana. Seguro que a partir de ese momento el horizonte se nos antoja un poquito más optimista.